
¿Por qué me convertí en Doula?
Nicholle OliverasShare
Wow, hay tantas maneras en las que podría responder esta pregunta que ni siquiera sé por dónde empezar. De antemano les adelanto que el "por qué" está completamente ligado al "cuándo".
Tenía 22 años cuando me enteré de que estaba embarazada. Ahora, con 34 años, me parece increíble lo rápido que ha pasado el tiempo. Menciono mi edad porque, en ese momento de mi vida, estaba viviendo, trabajando y estudiando en Mayagüez. Era estudiante de ingeniería eléctrica, aunque sabía que no me apasionaba en lo absoluto. En realidad, no tenía la menor idea de qué quería hacer con mi vida. Sin embargo, el embarazo despertó en mí una curiosidad y fascinación inexplicables por comprender lo que ocurría en mi cuerpo, mi gestación y mi bebé.
Recuerdo que mi amiga Paola me preguntó en una conversación casual: "¿No te gustaría tomar clases de parto? Me han dicho que en los hospitales de Puerto Rico te dejan sola y no te permiten estar acompañada durante el parto". Esa afirmación me dejó aterrada. En ese instante, sentí la necesidad de informarme, de prepararme y de buscar opciones para asegurarme de que mi experiencia de parto fuera lo más cercana posible a mis expectativas y deseos.
Esa búsqueda me llevó a descubrir el mundo del parto respetado, la importancia del acompañamiento y el poder de la información en manos de las mujeres. Aprendí sobre las intervenciones médicas, los derechos de la mujer durante el proceso de parto y cómo la preparación puede hacer la diferencia entre una experiencia traumática y una empoderadora. Con el tiempo, entendí que el parto no debía ser algo que simplemente "sucede" bajo las reglas de otros, sino que debía ser un proceso vivido desde la autonomía, la confianza y la toma de decisiones informadas.
Convertirme en doula fue una decisión que nació de mi propia experiencia. Vi de primera mano cómo la falta de información y apoyo puede afectar la percepción y vivencia del parto. Me di cuenta de que muchas mujeres desconocen sus derechos y opciones y que, en muchas ocasiones, su voz es silenciada en un momento en el que deberían ser las protagonistas. Quise convertirme en doula para ofrecer acompañamiento, sostén emocional y educación a mujeres que, como yo en su momento, desean vivir su parto con confianza y seguridad.
Ser doula no es solo un trabajo, es una misión. Mi propósito es ayudar a las mujeres a reclamar su espacio en un proceso que ya les pertenece. Mi meta es que cada mujer pueda recordar su parto con orgullo, con la certeza de que fue respetada y que cada decisión fue tomada desde la información y no desde el miedo. Si hay algo que he aprendido en este camino, es que el conocimiento es poder y que, cuando una mujer es escuchada y apoyada, su experiencia de parto puede ser transformadora.